jueves, 17 de mayo de 2012

Tom Maver - Poemas











                  No me molesten.
                  Acabo
                  de nacer.


                                    Mary Oliver





Esta foto habla de mí. Duermo en el asiento de atrás del auto, un Gacel gris que tuvimos por años y que hoy apenas recuerdo. Trato de imaginar aquel viaje. Mis padres hablan, veo por el espejo retrovisor una franja de la mirada de mi padre, me veo a mí mismo con sueño mirando por la ventana, restregándome los ojos, acomodándome de a poco en el asiento. En un momento, mi madre se da cuenta, hacen silencio. Mi padre baja la velocidad mientras ella saca la cámara. Elige un instante del tiempo y aprieta el disparador. Ahora ustedes me ven con los ojos de mi madre. Esta foto habla de cómo fui mirado una vez.

Entre ese instante congelado y éste hay un paréntesis que se sigue abriendo. De esos ojos cerrados a estos abiertos, de él a mí: desajustes. Mis sueños, mis palabras, mis poemas: nada parece hacerme coincidir conmigo mismo. Ser cada vez diferente del que fui. Estar hecho de humo, ser la superficie de una pileta un día de lluvia. En todo momento estamos tendiendo hacia algún lado, somos agarrados en un vaivén, hamacándonos entorno al presente.

Miro la foto de nuevo. Parezco tranquilo, relajado. El chalequito, los colores de la botamanga haciendo juego con la camisa, la postura, todo eso da la sensación de que hay una mano amorosa que acomoda mi infancia. En cierta medida creo mis padres le sacaron una foto a un deseo, el suyo. Hoy ya no sé si coincido con aquel niño, con ese deseo. Voy a un espejo, me miro y veo otra cosa. Vuelvo a la foto: no puedo dejar de pensar que en esta imagen falta algo y no sé qué es. Me pregunto qué estaría soñando y me doy cuenta, entonces, de qué es lo que falta en el cuadro: mi propia mirada.

Es extraño escribir poemas, es una actividad que para mí tiene al mismo tiempo la cualidad de la publicidad y la del secreto. Uno puede esconderse, pero se muestra. Uno muestra algo, pero inevitablemente caen los velos que sugieren otras cosas, cosas que muchas veces ni siquiera uno mismo se da cuenta de que está poniendo sobre el tapete. Supongo que toda esta nota es para justificar el hecho de mostrar mis propios poemas en un blog de traducciones. Pero es también un acto de fidelidad: soy esto y esto y esto. Aquéllos son mis límites como traductor; éstos, como escritor. Mientras tanto, los poemas van de un cerco al otro.

Me reservo ese gesto pudoroso al mismo tiempo que vanidoso: que hayan sido otros, otras, las que publicaran mis cosas. Mi agradecimiento a Sandra Toro y a su enorme blog: El placard (http://el-placard.blogspot.com.ar/2012/04/poemas-de-tom-maver.html); y a Rocío Wittib por convocarme a participar en la revista mexicana: Círculo de poesía (http://circulodepoesia.com/nueva/2012/04/nuevos-poetas-de-buenos-aires/).
De paso también dejo el link donde Osvaldo Bossi, un tiempo atrás, publicó unos poemas míos que todavía hoy siguen inéditos: http://muchachodeloshelados.blogspot.com.ar/search/label/Tom%C3%A1s%20Maver

En fin, estos son algunos de mis poemas. La inexactitud de lo que soy, los párpados cerrados de ese chico, la electricidad de los polos de mi persona, los imanta.


domingo, 13 de mayo de 2012

James Laughlin - El viaje sin nombre


(EEUU, 1914 - EEUU, 1997)


El viaje sin nombre

¿A dónde va
cuando cierra los ojos
cuando hacemos el amor?

Está ahí, a mi lado
pero no está ahí
Si la toco tiembla
pero no dice nada

Una noche le pregunté
a dónde era que viajaba
Entonces me sonrió y
contestó no te preocupes

nunca voy a estar lejos tuyo
La tierra que visito
es la tierra de los poemas
que escribiste para mí.





Nota del T.: ¿No se puede pensar el “ella” de este poema como la figura del traductor, de la traductora? ¿La que tiembla porque la tocan, y la que sin embargo no dice nada; la que viaja pero se queda al lado del otro; la que parece no estar y que sin embargo es quien viaja a la tierra de los poemas? Al traducir yo siento que los poemas fueron escritos para mí, los leo y releo y me alejo lo más cerca que puedo, y es una unión tan alejada, una proximidad tan imposible que por un momento creo que el poeta y yo somos los únicos en el mundo que hablamos el mismo idioma. El traductor o la traductora es quien vuelve de la tierra de los poemas y dice: Traducir es cuando la lectura y la escritura hacen el amor.


ººººººººººººººººººº


The nameless voyage

Where does she go
when she closes her eyes
when we are making love?

She is there by my side
yet she isn't there
If I touch her she trembles
but says nothing

One night I asked her
where it was she travelled
This time she smiled and
answered don't be worried

I'll never be far from you
The land which I visit
is the land of the poems
you have written for me.

lunes, 7 de mayo de 2012

Mary Oliver - Otra forma de entrar al fuego





Nota del T.: Sedentario a más no poder, en otros lugares me cuesta dormir. Me quedo inmóvil en la cama, habiendo dormido apenas unas pocas horas. Mis amigos, en cambio, descansan. Oigo sus respiraciones pesadas, el chasquido del caloventor cuando se enciende o se apaga. Tengo los ojos abiertos. Estoy en una cama marinera en un hostel cerca del río, en Rosario. Del otro lado del río se ven árboles, una vegetación blanda acariciada por el río. Oigo pasos que van y vienen por el patio que da a nuestro cuarto y por donde entra la luz del día. Algo indefinido en el cuerpo me duele. Hay otras formas de vivir, me digo. Pero agrego: es el momento de vivir así, sin que se note casi, en silencio, en una semi oscuridad y con la sensación de que sería imposible levantarme. Cierro los ojos. En otra parte, muy lejos de donde estoy, una mujer se levanta y sale a caminar con una libretita donde escribe poemas hermosos. Poemas que en algún momento, cuando me levante, cuando vuelva a Buenos Aires, leeré asombrado y que querré traducir. Y pienso en este hecho: soy una persona que la mayor parte del tiempo lee, traduce y escribe poemas, cosa que luego de estar tres días sin hacerlo me desconcierta un poco. Si me dejara llevar, podría creer que esa es otra vida, anterior o imaginaria. Oigo un crujido. Alguno de mis amigos acaba de moverse en la cama. Pero yo escucho otra cosa: Mary Oliver, allá, en Nueva Inglaterra, luego de escribir un nuevo verso en su libreta, sigue caminando por el bosque, pisando ramas que se quiebran. Huele el aire de la mañana que parece provenir del suelo. Mira a su alrededor. Su cabaña quedó atrás. Siente que es hora de regresar, que necesita terminar ese poema que le ronda la cabeza. Yo vuelvo a escuchar pasos en el patio, alguien sube por la escalera a las apuradas y cierra la puerta de un cuarto. Me quedo oyendo con los ojos abiertos.

Escribir es como pescar, se requiere de atención, de insistencia y de un tiempo de espera. Para luego ver que lo que sacamos no es lo que esperábamos: su misterio nos interpela y nutre. Escribir es otra forma de entrar a la naturaleza, dice Mary Oliver. Traducir, digo yo, es otra forma de entrar al fuego de la escritura. 


A continuación, la selección de poemas que traduje para la revista virtual No-Retornable (gracias, Nurit, por pensar en mí).




jueves, 3 de mayo de 2012

Sharon Olds - El hotel





El hotel

Cuando escucho que está venido abajo no lo puedo creer,
puedo ver la O cuadrada de adobe
mirando hacia adentro, hacia el patio
interno y la pileta y las flores y parece
permanente como una idea platónica,
tan lejos de la destrucción como el Jardín del Edén.
Cuando los visitaba me quedaba ahí la última
noche, al lado del aeropuerto, me levantaba
a las seis, me ponía mi traje de baño
en la oscuridad, corría el ventanal y atravesaba
el frío jardín hacia la pileta. Volutas de
vapor giraban sobre la superficie,
los pájaros en las palmeras despertaban, yo me deslizaba
adentro y me hundía y estaba en casa, en el verde y líquido
mundo sin aliento donde a menudo
había ido con mi padre. Cuanto más enfermo estaba,
esos últimos meses, tanto más sentía
que acá era donde yo siempre lo podría encontrar-
sumergida, con el cuerpo apretado
por el abrazo sofocante del agua.
Luego me iba al cuarto, pasaba
el arbusto con la camelia apartada, el amor
que anhelaba de él,
prendía la caliente y ponía mi cabeza abajo
como si estuviera bajo la pendiente del Jordán
y podía bautizarme hija suya, y ahora es un montón
de basura – las lozas, los cocos
de las palmeras, los brotes de las gardenias,
roña, nidos, vigas. Deben haber
vendido las camas, apartado los jabones
aceitosos, ondulados, molidos tres veces – y si
salvaron la pileta, la deben haber sacado de cuajo
dejando un agujero como una tumba,
o habrán excavado, como con Pompeya. De todas maneras,
cada huella de todo
lo que me mantuvo
cerca de él
va a ser removida del planeta. Sólo este pequeño
oasis – gorriones y pittosporum,
una mujer adentro del agua y
adentro de su corazón su padre
que ronca y adentro de sus ronquidos, su hija,
la pileta, el patio, la ciudad, la tierra,
el universo, floreciente expansión de las ruinas.





Nota del T.: Nadie conoce los espejos. Nadie vio un espejo. Sólo lo que refleja porque en sí no es nada. Miro el espejo: veo mi cara. La carencia de esa superficie es también su riqueza. Es un misterio a la vista de todos. Nadie conoce a los traductores. Se nos pide que no estemos: somos eficientes si no se notan nuestras manos, si no dejamos nuestras huellas digitales marcadas en los espejos que construimos. Pero nuestra invisibilidad es también nuestra astucia, nuestra escondida libertad. De todas maneras me pregunto: ¿qué soy sin el poema que traduzco, sin ese hotel donde permanezco una breve temporada como el protagonista de Hierro 3, de Kim Ki-duk?

Traduzco “El hotel” de Sharon Olds, lo releo en castellano, corrijo dos palabras, borro una tercera, dudo de una coma y vuelvo a leerlo pero esta vez en voz alta. Por un segundo me distraigo pensando en esa pileta, en la sensación de entrar en ella que es como entrar en el poema para traducirlo, sumergirse hasta el fondo dejándose atravesar por esa corriente tibia, en su envoltura de imágenes sonoras y pensamientos rítmicos. Sigo con la lectura del poema. Ahora no puedo evitar pensar en mi propio padre, en lo que sería que él muriera y saco la cabeza para tomar aire. Decido salir un rato. Pero me doy vuelta y observo la superficie del poema-pileta una última vez más de cerca: veo mi cara húmeda en el espejo de la traducción. Mi orfandad tiembla. 

Padres, hijas, hijos, madres. Escritoras, traductores. Familias extrañas, vagos parecidos, extravagancias. Por un momento me dejo pensar que este poema lo podría haber escrito yo. Pero no. Yo sólo me zambullí por un rato en esa pileta para que se siga expandiendo la zambullida de Sharon y el patio, la ciudad, la tierra, el universo...



Versión de Tom Maver


 ºººººººººººººººººººººººººººº

The Motel

When I hear it’s torn down I can hardly relieve it,
I can see the square O of adobe
facing in, onto the inner
courtyard, and the pool, and the flowers, it feels
permanent as a Platonic idea,
as far beyond destruction as the Garden of Eden.
When I visited them I would stay there the last
night, next to the airport, get up
at six, put on my bathing suit
in the dark, open the glass and cross
the cold garden to the pool. Curls of
steam wandered up form the surface,
the birds in the palms awoke, I slid in
and sank an I was at home, in the green
breathless liquid world where I had often
gone with my father. The sicker he got,
those last months, the more I felt
this is where I would always find him-
underwater, body squeezed
in the water’s airless hug.
I would pad back to my room, past
the bush with its stray camellia, the love
I longed for from him,
I’d turn on the hot, put my head under
as if it were upright Jordan, and I could
baptize myself his daughter, and now
it’s a pile of rubbish – the tile surround,
palm-nuts, gardenia buds,
dirt, nests, girders. They will have
sold the beds, set aside the triple-milled
amber fluted soaps – and did they
save the pool, unsuction it up and
leave a hole like a grave, or did they
cave it in, Pompeiian. Anyway,
every trace of everything
that held me
holding him
will be removed from the planet. Only this small
oasis – sparrows and pittosporum,
a woman down inside the water, and
down inside her heart her snoring
father, and in his snore his daughter,
the pool the courtyard, the city, the earth,
the universe, expanding blossom of wreckage.




from The Father, Alfred A. Knopf, New York, 2011.

viernes, 27 de abril de 2012

Tracy K. Smith - No lo extraño

(EEUU, 1972)

No lo extraño

pero a veces me olvido dónde estoy,
me imagino a mí misma dentro de esa vida otra vez.

Mañanas recalcitrantes. El sol quizás,
o más bien una luz sin color

filtrándose a través de las nubes sin forma.

Y cuando empiezo a creer que no la dejé,
el descanso vuelve. Nuestro sillón. El humo de mi cigarrillo

trepando las paredes mientras las horas caen.
Yo lucho contra el ruido del tráfico, de la música,

de cualquier cosa viva para oír tu llave en la cerradura.
Y siento ese correteo en el corazón

como si el día, la noche, donde sea que esté
en ese momento, fuera sólo un zumbido

de alguna cosa distinta a esperar.

Escuchamos tantas cosas sobre cómo se siente el amor.
Ahora mismo, hoy, con la lluvia ahí afuera

y las hojas que quieren tanto como yo creer
en mayo, en las estaciones que vienen cuando las llamamos,

es imposible no querer
entrar al otro cuarto y dejar que vos

pases tus manos por los costados de mis piernas,
sabiendo perfectamente bien lo que ellas saben.



ººº


Nota del T.: 

Terminada la traducción, extraño. Ahora que dejé de imaginarme a mí mismo en esa otra vida, voy a dedicarme, por el tiempo que dure esta nota, a extrañar mi vida, esa que tuve antes de que me dedicara a escribir y a traducir.

Los recuerdos me visitan caóticamente. Estoy en una cancha inmensa jugando con mis amigos con una pelota ovalada, corremos, pateamos. El verde de todo nos invade el cuerpo transpirado, sin remera. Una mujer, luego de besarme, me mira la boca, los destellos de saliva. Entro a un edificio donde voy a aprender a odiar las normas. Un amigo me pasa un libro de poemas. La secundaria se hace más insoportable. Leo por horas, hago deporte. Viajo, escribo un poema una vez, se los muestro a mis dos amigos, estamos por ir a Cafayate haciendo dedo. Miro el cielo, escribo: “las penitencias del sol”. Conozco a Candela, el mundo termina o cambia o empieza. Una persona, un acontecimiento. Un día el mundo pierde sus formas y yo mudo de piel. Escribo para permanecer. Traduzco para irme.

A punto de terminar la nota, abro los ojos. Estuve extrañando, me digo. Estuve traduciendo, me corrijo. Miro mis manos. “Con esto la acaricié una vez, con estas dos manos también traduzco”, me digo. Hoy ese yo está diluido en mí y a veces resplandece trayéndome recuerdos.

Hay ahí otro idioma, otro poema, otra persona y frases, frases. Imagino una manada de caballos. Veo el cerco de la traducción, los límites de mi oficio. No van a poderlo saltar todos. De todas maneras, es increíble la belleza del salto.






Versión de Tom Maver


ºººººººººººººººººººº

I Don't Miss It

But sometimes I forget where I am,
Imagine myself inside that life again.

Recalcitrant mornings. Sun perhaps,
Or more likely colorless light

Filtering its way through shapeless cloud.

And when I begin to believe I haven’t left,
The rest comes back. Our couch. My smoke

Climbing the walls while the hours fall.
Straining against the noise of traffic, music,

Anything alive, to catch your key in the door.
And that scamper of feeling in my chest,

As if the day, the night, wherever it is
I am by then, has been only a whir

Of something other than waiting.

We hear so much about what love feels like.
Right now, today, with the rain outside,

And leaves that want as much as I do to believe
In May, in seasons that come when called,

It’s impossible not to want
To walk into the next room and let you

Run your hands down the sides of my legs,
Knowing perfectly well what they know.




 from DuendeGraywolf Press, 2007.